Lo que Callamos las Mamás: El miedo de que a nuestros hijos les pase algo
- 17 jul
- 3 min de lectura

Hay un miedo que casi ninguna mamá dice en voz alta, pero que todas cargamos en algún lugar del pecho: que a nuestros hijos les pase algo.
No lo decimos porque suena exagerado. Porque tenemos miedo de "atraerlo" si lo nombramos. Porque se supone que debemos estar tranquilas, con todo bajo control.
Pero yo lo he vivido. Y quiero contártelo, no para asustarte, sino porque creo que hablar de esto en voz alta es parte de estar preparada.
Hace 2 años estábamos saliendo del hospital. Mi hijo tuvo un accidente y se rompió el codo. Lo tuvieron que operar, de hecho fueron dos hospitalizaciones y dos operaciones, además de meses de terapia en los que no pudo hacer ningún ejercicio ni actividad física, para que su recuperación fuera buena.
Como mamás, muchas veces no estamos preparadas para esto. Ni emocionalmente, ni económicamente.
Cuando llegamos al hospital, lo primero que me dijeron fue que, para poder admitirlo a urgencias, necesitaba entre 20,000 y 25,000 mxn
En ese momento no pensé en el dinero. Pensé en él.
Por suerte, yo contaba con un seguro de gastos médicos. Les dije: "Mi hijo tiene seguro, admítanlo, atiéndanlo." Llené un formulario, y en vez de los 20 o 25 mil pesos que me habían pedido, únicamente tuve que dar 5,000 mxn
Lo admitieron. Empezaron los estudios, las radiografías, agendaron la cirugía y yo me pude olvidar por completo de cómo iba a pagar todo eso. Me pude enfocar en darle atención a mi hijo, en estar ahí con él, en hacer que esa estadía en el hospital fuera lo más tranquila posible para los dos.
Porque he visto muchas veces lo que pasa cuando no es así: familias organizando colectas, viendo qué empeñan o qué venden para poder solventar los gastos, mientras deberían estar enfocadas únicamente en cuidar a quien están cuidando.
Ahí fue donde a mí me hizo mucho click el querer ser asesora de seguros.
Durante muchos años trabajé como psicóloga, brindando atención a personas en situaciones difíciles, y también estuve en el comité de juventud de la Cruz Roja, donde viví de cerca muchas emergencias. Toda esa experiencia me ayudó a mantenerme relativamente tranquila frente a lo que estábamos viviendo en el hospital.
Pero hubo algo más que me cambió por completo la perspectiva: tener a alguien que se hiciera cargo de la parte financiera y me dijera "no te preocupes, yo lo veo, tú enfócate en tu hijo."
La primera cirugía costó más de 140,000 pesos. Con el seguro, yo únicamente pagué 15,000. No tuve que pensar en cómo conseguir el resto. Pude estar, sin distracciones, con mi hijo.
Y no fue solo esa vez. El seguro nos ha acompañado en cosas tan distintas como terapias de recuperación, radiografías, medicamentos y citas de seguimiento. Hasta una vez que mi hijo se tragó una pieza de LEGO y tuvimos que hacerle estudios de cuerpo completo para encontrarla.
No te cuento esto para que sientas miedo. Ya lo sientes — todas lo sentimos, aunque no lo digamos.
Te lo cuento porque creo que proteger también es un acto de amor, y porque nadie debería vivir el peor momento de su vida y además tener que resolver cómo pagarlo.
Si este miedo también vive en ti, quiero que sepas algo: no tienes que cargarlo sola, ni tienes que resolverlo hoy. Pero si alguna vez quieres platicarlo, aquí estoy.
Nunca sabemos cuándo van a suceder las cosas. Lo que sí podemos elegir es si las enfrentamos solas, o con alguien que ya trazó el camino contigo antes de que lo necesites.
Si te identificaste con algo de esto, me encantaría que me escribieras.


